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2019.

Termina 2018.

El año de mi purga profesional. Del formateo necesario. De mi génesis.

Este año he descubierto mis fuerzas ocultas y lo poco que sabía de mis capacidades de adaptación y de encajar algunos golpes que finalmente no fueron tan duros como esperaba.

De aprender a apartar la autocomplacencia y de no regalarme un sólo sentimiento de odio o rencor aceptando el destino como ese maestro que te exige para sacar todo tu potencial.

De descubrir músculos que no sabía que tenía y que estaban ahí, atrofiados esperando que algo adverso los despertara. De apuntarme al gimnasio de la formación y el reciclaje y de bajar grasa profesional.

Finaliza un año de cambios y de revelaciones. De calibrar realidades y ajustar prioridades. De confirmar que todo lo importante sigue intacto.

Y lejos de ser un año negativo ha sido una experiencia de desintoxicación y de preparación para todo lo bueno que está por llegar en 2019. Como dijo el sabio, la zona de confort es una carretera asfaltada muy cómoda para transitar pero donde nunca crecerá nada.

Les deseo de corazón un año 2019 tan bueno como el que me espera a mí.

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